URGARA atraviesa tensiones internas tras un paro con poco impacto
Silencios, dudas y reclamos se multiplican dentro de URGARA tras un paro que no logró modificar el escenario salarial y volvió a exponer tensiones dentro del gremio.
La Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA) vive un momento crítico que pone en cuestión su representatividad y capacidad de conducción. Lo que había sido anunciado como una demostración de fuerza —un paro nacional a partir del 11 de noviembre que prometía paralizar la agroexportación— terminó desmoronándose casi sin efecto, con un sindicato que empieza a exhibir una marcada desconexión con sus bases.
Según el análisis de la situación, la estrategia impulsada por la conducción nacional, liderada por Pablo Palacio, fracasó frente al silencio patronal: las empresas no respondieron a los reclamos, lo que dejó al gremio sin herramientas para sostener la medida de fuerza. Ante el vacío, la única respuesta ofrecida por el liderazgo fue hablar de “intransigencia empresarial”, un eufemismo que no logró ocultar la falta de un plan alternativo ni de una estrategia sólida.
Un paro que apenas duró una semana
La medida de fuerza más cuestionada fue la del segmento Acopio, tradicionalmente el sector más relegado y peor pagado dentro de URGARA. Pese a los anuncios de paralización total de la actividad, el paro terminó durando apenas una semana y, en muchos casos, con camiones entrando y saliendo de las plantas sin mayores interrupciones. La imagen fue desgastante: mientras la conducción sindical intentaba sostener la protesta con publicaciones en redes sociales y folletos digitales, la realidad en los portones de ingreso mostraba otra cosa.
Para muchos trabajadores, el saldo fue la sensación de haber sido expuestos sin respaldo efectivo, con sus reclamos acumulando bronca y frustración. “Se intentó dar una batalla virtual mientras se perdía la batalla real en los portones”, describió un delegado, en alusión al uso de herramientas comunicacionales en lugar de una organización de base sólida.
Salarios pulverizados frente a la inflación
El malestar no se limita a la estrategia gremial, sino también a los resultados concretos de las negociaciones. Las cifras muestran una realidad preocupante: en 2025, mientras la inflación interanual trepó por encima del 39%, URGARA cerró un acuerdo para la rama Acopio con un incremento total de apenas el 3,6% escalonado, lo que equivale a poco más de un 1% mensual. Ese ajuste no alcanzó a compensar la pérdida de poder adquisitivo y fue recibido con rechazo entre afiliados que sienten que el sindicato validó un retroceso violento del salario real.
Además, el mismo acuerdo profundiza la presión sobre los trabajadores al ratificar y ampliar descuentos obligatorios para la mutual y fondos de gestión, una carga que los afiliados ven como injusta ante la escasa defensa de sus intereses por parte de la conducción.
Cuestionamientos internos y vacío de representación
El malestar va más allá de los acuerdos salariales y la táctica de lucha. En varias delegaciones, como la de San Lorenzo, los trabajadores expresan que la actividad sindical quedó reducida a gestiones administrativas, con escasa presencia real del sindicato en defensa de los reclamos cotidianos.
“¿Qué pasa con las paritarias? ¿Pasamos de ser fuertes a tibios frente a este gobierno?”, se preguntó en voz alta un delegado de base que refleja el sentir de muchos afiliados. Otros apuntan directamente a la conducción por no haber defendido de forma concreta sus derechos, a pesar de las contribuciones desgastantes que mensualmente se descuentan a los trabajadores.
Acuerdos fragmentados y futuro incierto
El panorama sindical para URGARA es, sin duda, un llamado de atención. El sindicato logró en algunos momentos acuerdos salariales recientes en ramas como Acopio, pero el bajo nivel de respuesta patronal -sumado a la ausencia de una estrategia contundente- expone las limitaciones del modelo actual de conducción a la hora de enfrentar las múltiples facetas de un conflicto laboral complejo en el sector agroexportador.
Con delegados y afiliados cada vez más críticos hacia la cúpula sindical, la organización enfrenta un desafío interno profundo: recuperar legitimidad, articular una estrategia de lucha eficaz y volver a ser ese actor de fuerza que históricamente defendió a los recibidores de granos frente a la opacidad empresarial y las políticas de ajuste.