La planta naval había sido paralizada desde 2022, pero gracias a gestiones conjuntas entre el Estado provincial, el sector privado y los gremios, logró retomar la producción con la construcción de cinco barcazas de última generación. 

Para el movimiento gremial naval, la vuelta en marcha del astillero representa un signo alentador en medio de una etapa de ajuste industrial regional. El hecho de que la planta haya podido apostar a empleo directo, tecnología avanzada y producción concreta marca una diferencia frente a la prolongada paralización.  El secretario general del Sindicato Argentino de Obreros Navales (Saon), Juan Speroni, destacó la articulación entre el sector público y el privado como motor de la reactivación de esa industria: “Es una enorme satisfacción ver esta planta de nuevo en marcha"

Según informaron los organismos oficiales, la reactivación se inicia con la formación de personal técnico especializado en el ámbito local, lo que permitió incorporar rápidamente a obreros capacitados en soldadura naval. Esta estrategia sirvió para dotar de mano de obra calificada a la planta y sentar las bases para una actividad sostenida en el largo plazo.

No obstante, los dirigentes remarcan que la reactivación debe traducirse en continuidad, condiciones dignas de trabajo y capacitación permanente, para que no quede en un “parche productivo” sino en una base firme de regeneración industrial. Más allá del entusiasmo inicial, advierten sobre la necesidad de respaldos institucionales estables y políticas que aseguren el mantenimiento del empleo y la inversión.

El caso del Astillero Atria se perfila como un ejemplo de cómo una articulación público-privada-gremial puede revertir la paralización de una industria estratégica. No obstante, para que el impacto sea real debe consolidarse en el tiempo: empleo, producción, tecnología, y un sector naval nacional que finalmente recupere protagonismo.